De Colores y Categorías: Una Conversación entre Nietzsche y Zhang Yimou

Indira Granados Loa

Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuímos que

nada es real.

Jorge Luis Borges

En El nacimiento de la tragedia, Friedrich Nietzsche reconstruye la visión del arte griego mediante las deidades Apolo y Dionisio, que constituyen para él la perspectiva dual entre la inteligencia y los sentimientos. Apolo y Dionisio son, respectivamente, el universo del conocimiento que apunta de manera conveniente al mundo de los dioses y lo propiamente humano. En la concepción griega, Apolo es considerado el dios que se relaciona íntimamente con la experiencia onírica, es el “dios de todas las fuerzas figurativas […] la divinidad de la luz (que) domina también la bella apariencia del mundo interno de la fantasía”[1]. Dionisio es la divinidad que toca la profundidad del ser humano en su estado de embriaguez, puesto que las emociones se exaltan, es como “la aproximación poderosa de la primavera, que impregna placenteramente la naturaleza […] (donde reinan las pasiones y) lo subjetivo desaparece hasta llegar al completo olvido de sí[2]”.

Héroe” (China-Hong Kong, 2002) de Zhang Yimou es un film en el que conviven el universo categórico de lo apolíneo y lo dionisiaco, puesto que la película posee características que se desarrollan en un espacio de transición que aparenta ser inaccesible para el espectador, pero que se consigue a través de los personajes y los recursos de la obra.

El film se sitúa en tiempos del rey Quin Shi Huangdi, quien sería el primer emperador de la dinastía Quin. Considerado por su pueblo como un tirano sanguinario, sufrió varios intentos de asesinato. La historia nos narra uno de estos intentos, destacado por la alianza entre tres de los más grandes señores de la espada (Cielo, Nieve voladora y Espada Rota) con el mejor guerrero de Qin (Sin nombre).

Sin Nombre es convocado por el rey por sus impresionantes hazañas: el guerrero llega al palacio tras haber aniquilado, supuestamente, a los tres asesinos más buscados del reino de Zhao. La historia fantástica comienza cuando el emperador Qin le pregunta a Sin nombre de qué manera venció a Cielo, Nieve Voladora y Espada Rota.

Cuando Sin nombre comienza a narrar la historia al emperador, la imagen se convierte al blanco y negro, la pantalla se tiñe de color gris para engalanar la pelea entre Sin nombre y Cielo. El gris es una tonalidad que introduce al espectador al recinto de la imaginación y a partir de él se desencadenarán los demás colores en el desarrollo de la obra.

Esta primera parte de la historia remite, de manera inmediata, a la categoría de lo apolíneo analizada en El nacimiento de la tragedia de Nietzsche. Sin embargo, en el momento del enfrentamiento, este juego de la imaginación que pertenece a lo apolíneo se contrapone a la música, que responde a lo dionisíaco. En la escena se lleva a cabo un enfrentamiento imaginario, en la mente de los antagonistas, acompañado por el sonido del agua y de una cítara. Los cambios en la melodía son los mismos que hay en el encuentro de espadas. En un momento de este enfrentamiento se rompen las cuerdas del instrumento, lo que provoca simultáneamente la separación del hilo imaginario dando comienzo a la lucha real. Es decir, existe un indeleble juego entre la realidad y el sueño, que en esta obra logra difuminarse gracias a la reconciliación de lo apolíneo y lo dionisíaco, tornándose contrarios que se complementan. Así se armoniza el andar de dos divinidades y de dos espacios que cohabitan en el ser humano.

Después de la presentación, la historia está dividida en cuatro colores.

“El primer carácter del simbolismo de los colores es su universalidad, no solamente geográfica, sino a todos los niveles del ser y del conocimiento, cosmológico, psicológico y místico”[3]. Y es por ello que resulta atractivo reflexionar en torno a la importancia de los colores dentro del film y cómo, a partir de ellos, se desprenden las dos categorías –apolíneo y dionisíaco- elegidas para su análisis.

Fotograma del Film. Escena en color rojo

El primer color es el ROJO, que coincide con la narración inventada por Sin Nombre. En ella vemos la furia de la guerra misma, el desastre y el dominio de la pasión y los sentimientos humanos sobre la razón. Sugiere una separación y una lucha persistente en el interior del ser humano entre lo que se hace y lo que se debe hacer.

Dentro de este bloque rojo, que se desarrolla en un templo de caligrafía, se alude a la importancia de la cultura y a la esencia de la misma: muchas personas prefieren morir que renunciar a las creencias que otorgan sentido a sus vidas. Como un buen y propicio ejemplo de la cultura está la caligrafía: si existen 19 formas de escribir “espada” es debido tanto al perfeccionamiento del espíritu como el manejo de la espada.

Este fragmento, desde mi óptica, se situaría en el ámbito de lo dionisíaco, puesto que da la impresión de que el representante del templo de caligrafía, ante el ataque de las tropas del rey, sigue su instinto y pretende preservar un mito cuando decide seguir escribiendo a pesar de la lluvia de flechas. No obstante, este gesto cae también dentro de lo que se está entendiendo por apolíneo, ya que la actitud del maestro se justificaría mediante la expresión de su pensamiento.

La segunda parte de la película es de color AZUL. Existe una distinción en psicología entre los colores calientes y fríos. Los primeros estimulan la adaptación y el ánimo, como el rojo; los segundos, como el azul, son contrarios a los primeros, consiguen calmar y apaciguar. El color azul permite aquí sentir las imágenes y transmitir un sentimiento de reflexión que emana de los personajes, del manejo de la fotografía y de los efectos especiales.

Fotograma del Film. Escena en color Azul

El color azul, de alguna manera, remite al cielo, que se encuentra en la cúspide, o bien a lo inalcanzable. Y en este bloque de la película –en el que el emperador descubre el engaño de Sin Nombre, su alianza con los asesinos, y narra su hipótesis de los hechos- lo imposible se hace posible mediante la sensibilidad y la imaginación, donde quizá se encuentre la exaltación del delirio, el ritual y la propia armonía de la manifestación del pensamiento.

El siguiente fragmento de la película se pinta de color verde, el color de la naturaleza y de los frutos inmaduros y de la precipitación. Por ello se acerca a lo dionisíaco. El color verde es utilizado para aludir a la memoria, a la sencillez e inocencia a la que se enfrentan los enamorados Espada rota y Nieve voladora en la forma prematura de planear su vida juntos, la cual depende de la muerte del rey. Sus objetivos e ilusiones están basados, principalmente, en la venganza.

Fotograma de Héroe. Escena en color verde

En la siguiente parte, Zhang Yimou prefiere emplear el color blanco. Es aquí donde explícitamente se visualiza la influencia apolínea dentro de los parámetros de esta obra del cine contemporáneo. En esta parte vemos a los personajes principales planeando el asesinato del rey con toda cordura y perfección.

Sin embargo, se produce un enfrentamiento entre Nieve Voladora y Espada Rota, ya que el ideal de éste –cabal, juicioso y esperanzado de que termine el sentimiento de venganza- es la paz. El ideal de Nieve voladora, cuyo padre Zhao y todo su pueblo fueron asesinado por Quin, es la venganza. Tanto este ideal como la figura de Quin se adecuan a los lineamientos de las pasiones dionisíacas.

Una vez descubierta la trama y revelada la verdad de los hechos –Sin Nombre debía presentarse como el gran vencedor de los asesinos para poder acercarse a diez pasos del emperador y así poder asesinarlo- el guerrero decide no matar al emperador, mostrándose entonces en la historia como portador del logos –el personaje apolíneo por excelencia.

Fotograma del Film. Escena en color blanco

Los tres amos de la espada –Cielo, Nieve voladora, Espada rota- y Sin nombre, quien también forjó su habilidad con la espada a partir del odio, eligen morir con la esperanza de que el rey cambie sus fines sanguinarios y establezca orden para la anulación de la guerra entre los hombres, para hacer posible el respeto a la diversidad cultural y la unificación de China.

De esta manera, la película llega a su fin con la reflexión de que los protagonistas son capaces de entregar su vida por la de todos. Aquí gobierna la parte dionisíaca, que no hubiera sido posible sin el desarrollo apolíneo, de la reflexión y la razón, a lo largo de la trama y los conflictos de los personajes.

Finalmente, “la desmesura se desveló como verdad, la contradicción, la delicia nacida de los dolores hablaron acerca de sí desde el corazón de la naturaleza. Y de este modo, en todos los lugares donde penetró lo dionisíaco quedó abolido y aniquilado lo apolíneo”[4]. Es decir, los protagonistas fueron impulsados por sus sentimientos a morir. Quedaron, de alguna manera, cegados por la parte pasional humana –aunque la finalidad fuera un intento de que reinara la paz. Decidieron morir dejándose guiar por la exaltación del instinto, logrando, con su muerte, culminar sus ideales.

Notas

[1] Nietzsche, Friedrich, El nacimiento de la tragedia, Madrid, Alianza Editorial, 2003, pág. 44.

[2] Ídem., pág. 45.

[3] Chevalier, Jean y Gheerbrant, Alain, Diccionario de los símbolos, Barcelona, Herder, 1993. pág. 217.

[4] Íbid., nota 1.

http://interartive.org/index.php/2010/07/color-nietzsche-yimou/



Leave a Reply