Arte y migraciones. Imágenes del destierro

Talía Elizabeth Morales Hernández

Los movimientos migratorios generan una serie de imágenes, sobre todo de soledad, distancia y olvido, pero también de esperanza. Estas figuras se han visto plasmadas, en mayor o menor medida, en todas las actividades artísticas. El presente artículo hace un brevísimo recorrido alusivo a algunas de las representaciones encontradas sobre todo en la pintura, fotografía y cine.

El arte ha plasmado, de alguna manera, toda experiencia humana y ha generado a la vez sensaciones experienciales. El viaje migratorio no es la excepción, puesto que este movimiento implica creación en todo sentido.

El desplazamiento hacia territorios ajenos obliga a un gran grupo de personas a reconfigurar su mundo. El individuo que se marcha va formándose nuevos sentidos a la vez que modifica el panorama del entorno. El migrante, en parte como artista y en parte como obra inconclusa, se posa sobre un gran lienzo irregular, muchas veces peligroso, en el que intentará configurar una composición armónica entre su pasado carente, pero lleno de cultura, y su presente violento y desconocido. A su vez el oriundo de las tierras a las que arriba el migrante debe replantearse el panorama, pues se le ha introducido un elemento cargado de figuras desconocidas para él, hasta entonces. Finalmente los familiares que no emigran, deben superar el vacío de su pérdida, modificando su espacio de manera considerable. Cualquier persona que vive de cerca esta experiencia es conmovida y obligada a expresarse de algún modo.

El arte ha plasmado el viaje migratorio de muy diversas maneras, su impacto ha sido tan grande que ha recorrido todas las expresiones estéticas. Numerosos artistas, migrantes o no, han usado su creatividad para expresar el recorrido migratorio, la sensación de abandono de la patria, las ansiedades y temores provocados por la falta de protección y pertenencia, los problemas y hostilidades a los que se enfrentan quienes emprenden este viaje y la esperanza en el arribo a tierras más prósperas y amables.

En la pintura y técnica mixta hay varios exponentes del tema como: Gustavo López Armentía, Mario Zabaleta Gastelbondo, Antonio Berni, Eduardo Esquivel, Mario Segundo Pérez, Sandra Ramos, entre muchos más. A pesar de sus estilos diversos, la mayoría de los artistas, expresan el fenómeno a través de metáforas que simbolizan el movimiento sin exponerlo de forma directa o extremo realista. Estos autores se han concentrado en representar el viaje migratorio a través de fisuras, paisajes desolados, barcos, océanos inmensos, maletas, rostros fatigados, trenes lejanos, etc. Se han enfocado sobre todo en imágenes de abandono, de refugio y soledad; algunas veces han introducido figuras alusivas a la esperanza, como el avistamiento de un objeto entre el mar profundo. La migración ha sido también la imagen del extravío, del escondite, de un hombre que pretende pasar desapercibido en medio de un mar o un desierto gigantesco y peligroso.

La metáfora migratoria es la distancia, el olvido y la errancia, la no pertenencia, el siempre estar viajando. Sus representaciones reflejan al hombre como un ser pequeño en medio de la vastedad, entre la inmensidad de una arriesgada aventura; muestran la fragilidad del sujeto ante un camino desconocido, que sólo se emprende por el sueño de llegar a un sitio mejor, incierta y desconcertante apuesta del migrante.

En la fotografía, al contrario de la pintura, observamos tomas que intentan mostrar lo más que se pueda la realidad del migrante, sus rostros, sus aflicciones; captar el momento de la huída, de la búsqueda de refugio, de la mirada puesta hacia el horizonte, algunas veces llena de terror y otras posada en una extraña calma. Muestran personas sin hogar, siempre alejándose, condenadas al destierro por el hambre, la pobreza, la violencia, la desprotección y desesperación de no pertenecer tampoco a esa tierra en la que vieron la luz por primera vez.

Las imágenes migratorias se han trasladado de las obras fijas al movimiento del cine en cientos de filmes, producidos en una gran cantidad de países. En estas cintas generalmente se intenta reflejar el tránsito migratorio regional; la vida de hombres y mujeres desesperados que narran su historia de camino hacia “un lugar mejor”, que generalmente se ve lleno de abusos, maltratos y denigraciones. El cine ha enfocado la migración desde diversas perspectivas, pasando desde la versión más dramática hasta la más cómica. Algunas de las cintas son: La piel quemada de José María Forn (1967), que narra el problema de los emigrantes rurales sufrientes del subdesarrollo económico y cultural español de la época; Frontera sur de Gerardo Herrero (1998), cuenta la dura y violenta vida del emigrante español en América; Charles Chaplin en su filme The Immigrant (1917) plasma de manera mucho más ligera el viaje de migrantes europeos a “la tierra de la libertad”.

Además de las imágenes pictóricas, tenemos la representación migratoria en la fusión de los pueblos a través de sus sonidos, mezclas derivadas del traslado cultural que origina este tipo de movimientos. En cuestión musical, los compases y el uso de los instrumentos ha variado en sus formas y acentos, creando combinaciones únicas, dando lugar a nuevos ritmos que han trascendido las fronteras como: el jazz, mambo, blues, tex mex, etc. Sonidos que generalmente han sido de gusto popular, sobre todo por ser alegres y bailables. Algunas de estas canciones, sin importar su género, han expresado en sus letras las imágenes de asilo y refugio del migrante. Entre los principales exponentes de este tipo de composiciones se encuentran Los Tigres del Norte, a los que se les ha llamado “la voz de los migrantes”. La agrupación ha editado numerosas canciones al respecto, narrando los problemas, las circunstancias y sensaciones de migrantes latinos en los Estados Unidos; plasmando una realidad poco agradable, pero cierta.

Estas técnicas artísticas han intentado expresar un cambio existencial y no sólo espacial, procurando plasmar la mutación que afecta al sujeto. El sentimiento de esperanza que lo envuelve y le impulsa a viajar para salir del lugar opresivo, violento y carente; con la intensión de encontrar un espacio más feliz y tranquilo, en el que existan mayores oportunidades de desarrollo. Como he mencionado a lo largo del artículo, muchas imágenes se sitúan en la incertidumbre, al igual que la verdadera experiencia migratoria, pues siempre implica un gran peligro enfrentarse en soledad hacia el nuevo paraje, entre caminos ocultos, rechazos y pobreza. Cualquier movimiento migratorio simboliza imágenes de ruptura, de vacío; incertidumbre de no saber hacia dónde se avanza y una necesidad de simplemente seguir caminando a través de un viaje forzoso, siempre emprendido como último recurso.

Tomado de:
http://www.aion.mx/arte/arte-y-migraciones-imagenes-del-destierro.html



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