El prestigio del arte

Septiembre 19th, 2011 Septiembre 19th, 2011
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por Rafael Pinilla

“shauspookie girls” by Natalie Shau

Laudamus te, Benedicimus te, Adoramus te, Glorificamus te…

Como se sabe, la ambigua opinión que tenía Platón del arte -imitaciones de segunda categoría al margen- oscilaba entre la divina locura que poseía al artista y creaba una suerte de comunidad con todo aquel que se aproximara al arte (Ión), y el aturdimiento que éste podía provocar en el esforzado ciudadano que debía estar por asuntos más serios (La República). Ambigua opinión, que no obstante, constata la importancia que concedía al arte el venerable filósofo ateniense. Dejando de lado los gloriosos tiempos de las Ideas, cualquier observador de eso que se llama estética podría afirmar -sin que nadie o casi nadie le contradiga- que a partir del siglo XVIII esa importancia se acrecentará hasta límites insospechados. La historia de ello es bien conocida: el genio artístico sobrevolará por encima de las cabezas más ilustres de la época (Kant, Schopenhauer, Nietzsche…) para finalmente instalarse cómodamente en el “sentido común” de media humanidad.

Un sentido común -ideología-, que a pesar de la benjaminiana apelación a un arte postaurático, ha acabado consagrando la (omni)presencia y el “prestigio” social de lo artístico; de hecho, nunca hasta ahora el arte había tenido tanta ubicuidad llegando a contaminar áreas antaño relativamente impermeables a lo estético. Este fenómeno, determinado en buena medida por un complejo proceso de des-diferenciación (esto es, se intensifica la interrelación entre esferas más o menos autónomas) ha propiciado una especie de “condición difusa” del arte que, paradójicamente, neutraliza lo que Cristoph Menke denomina su fuerza[1]. Sin embargo, a pesar de esta “tendencia debilitadora” -simplificándola aquí: a más presencia, menos potencia- el arte sigue gozando de un reconocimiento social inquebrantable; un reconocimiento que de una manera u otra vendría a decirnos que el arte y todo lo que tiene que ver con su área de influencia nos hará a todos mejores personas.

Evidentemente, desde aquí no vamos a desmentir un universal de tanto peso. Aunque no por ello se debería pasar por alto algún que otro “efecto colateral” de un prestigio que va más allá de la cultura oficial o de las reivindicaciones de sectores alejados ideológicamente del mainstream político-cultural (p.e. ¿sofisticada forma de gubernamentabilidad?, ¿apoteosis de la cultura-espectáculo?, ¿gentrificación?). Y no perder de vista dichos efectos quizás pase por reivindicar cierta iconoclastia; por eso mismo, no estaría demás reconciliarse con aquellos irreductibles que de una manera u otra sospecharon -debido a motivos de diversa índole- del papel de la (sobre)dimensión estética o del “abuso de arte”.

Por ejemplo, ahí está la figura de Kierkegaard que emerge como un atípico caso de disidencia en un panorama intelectual en el que el compromiso con lo artístico llegaba a provocar desmayos; como réplica a los excesos teóricos de Hegel, el programa kierkergaardiano y sus famosos tres estadios dejará a la estética -o mejor dicho, a la vida estética- a la miserable altura de la inmediatez más superficial[2]. Mucho más tarde, en una línea diametralmente opuesta a la desconfianza en lo estético y lo que a ello se pudiera vincular, la sociología de Bourdieu desenmascarará un “amor al arte” supuestamente desinteresado como habitus que tiende a reforzar las desigualdades sociales: los gustos en relación al arte -y la cultura en general- no son tan inocentes como algunos filisteos aún hoy día siguen pensando.

Pero no sólo desde la filosofía o la sociología se cuestionará el papel de la estética o del arte: a lo largo del siglo XX las propias prácticas artísticas harán suya una militante autonegación que llevará a aquella modernidad heroica hasta los límites del no-retorno. Dadá, Duchamp o el Situacionismo son ejemplos de una clarividencia iconoclasta que, queriéndolo o no, actualizarán un Fin del Arte en el que la abolición de todo referente “artístico” conducirá a una especie de descreación. De hecho, seguramente ese ejercicio de autocuestionamiento sea uno de los fundamentos del proyecto moderno; por eso, si como se dice se ha finiquitado la modernidad, es comprensible que semejantes pretensiones hayan quedado relegadas a ejercicios de recuperación nostálgica.

Aunque a pesar de aquellos ilustres esfuerzos, no nos queda más remedio que asumir que los gestos iconoclastas y sus simulacros se han incorporando de una manera u otra al inmenso aparataje institucional; un aparataje que, independientemente de las crisis y de los recortes presupuestarios, sigue insistiendo en presentarnos al arte y a la creatividad -del artista/productor y últimamente del espectador/consumidor- como el mejor de los mundos posibles. En este sentido, la doxa dominante y sus complacientes voceros no paran de recalcar que quien no tiene talento creativo o es un paria o un pobre hombre[3]; junto a ello, publicistas, diseñadores, modistos, cocineros, y demás  bohemia postmoderna (o parte de esa Creative Class que diría Florida) han decidido contribuir con todas sus energías a que las cosas que nos rodean sean, sino bonitas, al menos -como dice la lamentable jerga periodística- que no nos “dejen indiferentes”.

Ante este panorama, resulta tentador vincular el “fin de las ideologías” -las viejas ideologías, claro- con este imparable proceso de estetización; en cierta manera, Rüdiger Safranski confirma esta intuición, cuando a propósito de los referentes de las recientes protestas en Madrid, Barcelona y otras ciudades españolas, afirma que la cultura pop estaría jugando un papel más importante que la “alta filosofía”[4]. Por lo pronto, desde aquí somos un tanto escépticos respecto a la importancia política de semejantes referentes; está por ver de lo que es capaz el pop. O en términos de mayor alcance: está por ver de lo que es capaz tanto arte.


[1] Cristoph Menke, Kraft. Ein Grundbegriff ästhetischer Antropologie, Frankfurt, Suhrkamp, 2008.

[2] Seguimos aquí a Terry Eagleton: “Una de las muchas excentricidades de Kierkegaard es su actitud hacia lo estético. De entre los grandes filósofos, desde Kant hasta Habermas, él es uno de los pocos que rechaza conferirle un valor predominante o estatus privilegiado (…) Tanto para él como para los primeros que reflexionaron sobre este discurso, la estética no se refiere en primer lugar al arte, sino al conjunto de la dimensión existencial de la experiencia material, significando una fenomenología de la vida diaria previa al momento en el que llega a convertirse en producción cultural”, Terry Eagleton, La estética como ideología, Madrid, Trotta, 2006, pp. 239 y 240.

[3] Thomas Osborne, “Against Creativity. A Philistine Rant”, en: Economy and Society, vol. 32, nº 4, 2003.

[4] “La rebedía de hoy no necesita filósofos”, entrevista a Rüdiger Safranski en: Diario Público, 28/05/2011.

Tomado de: http://interartive.org/index.php/2011/06/prestigio-arte/

Ciudadanías en Escena

Mayo 24th, 2010 Mayo 24th, 2010
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Ciudadanías en Escena

Textos post-curatoriales
escrito por Julia Antivilo
13 de diciembre de 2009

Como en mi primer encuentro de performance realizado en Buenos Aires en el 2007, este VII encuentro fue igualmente intenso, pero quizás más polémico. Organizado por el Instituto Hemisférico de Performance y Política de la Universidad de Nueva York este espacio se recrea en las Américas cada dos años reuniendo a alrededor de 600 participantes entre artistas de performance, estudios@s del tema y activistas sociales que trabajan performativamente sus propuestas políticas. Esta versión se desarrolló entre el 21 y el 30 de agosto en Bogotá tomando el nombre Ciudadanías en escena. Entradas y salidas de los derechos culturales. La apertura estuvo marcada por el reconocimiento a las trayectorias de los afiliados destacados recayendo en las figuras del performancero Guillermo Gómez-Peña y en Tomás Ybarra-Frausto por su importante y literalmente extensos aportes a los estudios del arte chicano.

La dinámica del encuentro reparte conferencias magistrales, mesas de discusión, grupo de trabajo, performances, talleres, una muestra de artistas visuales y otra de video-arte. Con tan amplio espectro de actividades la decisión a qué vas a asistir fue difícil pues, especialmente performances, grupos de trabajo y talleres pasaban en forma simultánea, por lo cual, indefectiblemente debías optar. En lo personal tomé el grupo de trabajo Género, sexualidad, cultura visual y performatividad en el que nos reunimos desde el segundo día del encuentro por tres horas presenciales en las mañanas. Antes del encuentro estuvimos conectados desde la virtualidad de la plataforma ESSEO.cl, espacio que se dio para la reflexión sobre nuestras propuestas desde lo académico, la investigación, lo artístico y el activismo1. Nuestras sesiones de trabajo se orientaron a partir de varias interrogantes en torno a las diversas formas de escenificar al cuerpo sexuado tanto en el campo teatral como el socio-político. Algunas de las preguntas que guiaban nuestra discusión fueron: ¿Qué consecuencia tiene la sexualidad hecha visible en la esfera pública? A qué regímenes representacionales se sujeta el cuerpo que practica sexualidades alternativas? ¿Cómo se puede intervenir en la manera de codificar/descodificar corporalidades disidentes? ¿Cómo el cuerpo sexuado puede plantear nuevas maneras de pensar la ciudadanía? Si el género es un performance más que una naturaleza dada, entonces ¿Cómo podemos plantear una performatividad de género que lleve a una mayor representatividad política para mujeres y personas de las comunidades LGBTT2?

Todas estas interrogantes las intentamos responder desde nuestras propias experiencias para abrirnos otras preguntas tales como: ¿Cuales son las estrategias performativas o decisiones creativas y técnicas que se utilizan para lograr ser efectivas? ¿Cómo canalizar los intereses tanto individuales como grupales? ¿Cómo elegir? ¿Cómo hacer elocuente un concepto crítico a través del cuerpo? ¿Cómo servirnos del cuerpo para analizar los juegos del poder, del saber y del hacer? ¿Representación v/s representatividad? ¿Teatralidad v/s performance? Esta vez no hubo plenaria de todos los grupos de trabajo, como se hizo en el anterior encuentro, se optó por la conversación entre los grupos más afines y/o el recorrido o visita por los diferentes grupos, en nuestro caso compartimos con Transperformance3 y fuimos visitad@s por Diablos Festivos en las Américas4.

Además participé del taller que dirigió por tres días Diana Raznovich5 llamado Humor y violación de los derechos culturales. Esta destacada caricaturista feminista, nos hizo reflexionar sobre cómo se podía utilizar al humor a modo de una herramienta y/o arma para el empoderamiento. El reírse de quien te oprime realmente nos hace perder el miedo a los poderosos, por lo tanto, desestabiliza, perturba, molesta fisurando lo monolítico de los discursos del poder hegemónico masculino. Para Raznovich, las estrategias que se deben utilizar, para trabajar en humor feminista, una altísima capacidad de síntesis en la búsqueda de una fusión de diferentes elementos estéticos que permitan formar una poética dentro de la tarea de desestabilizar la semiótica del poder patriarcal.

Aunque suene al dicho popular el burro siempre por delante, comenzaré relatando mi performance, pues fue en la que primero estuve ya que fue el día inaugural antes del cóctel de bienvenida que nos recibía a tod@s en el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia. El patio central fue el escenario en que montamos Aphrodisia, performance conferenciada, que comenzó con una sombra china en la cual se probaba -al son de Try me, I know, we can make it de Donna Summer - aphrodisia; un urinario femenino para orinar de pie, bidet y masturbatorio. Se acompañó con la lectura de un texto del mismo nombre apellidado El uso del placer una categoría política feminista, que promocionaba las virtudes de este instrumento, el cual invitaba a subvertir la cotidianidad, lo privado, lo que es también político. Un espacio tan cotidiano como el encuentro con la intimidad del cuerpo propio en el uso de un urinario y/o bidé se transformaba en un campo de empoderamiento de las mujeres.

A través de la subversión performática, Aphrodisia celebraba conocerse a sí misma, a partir de actos cotidianos como podrían ser el orinar y o el lavado genital y también de la masturbación, transformándolas en un acto de placer cotidiano que permite no sólo el autoconocimiento, sino también el empoderamiento. Finalmente se invitó a las y los espectadores/as a probar este aparato y sacarse una foto a través de la sombra china la cual fue enviada por Internet6.

2boys.tv, Aaron Pollack y Sthephen Larson (Montreal, Canadá), se presentaron varios días con Phobophilia, excitación a partir del miedo; una pieza performática que, en escena y basada en la vida y obra de Jean Cocteau, planteaba exquisita y sutilmente la pregunta ¿Cuál es el papel del poeta en una época caracterizada por el miedo?

Después de una interminable escalera de caracol y un oscuro pasadizo en el que te guiaban con los ojos vendados, se podía apreciar un interrogatorio a un personaje con capucha. Este protagonista narraba su propia vida en un video animación proyectado sobre una caja negra que se desplegaba a modo de cuento pop up, pero con más movimiento pues era video, en el cual este relator cerraba o abría puertas a sí mismo, como todopoderoso de su propia historia. Una joya de visualidades que proyectaba múltiples sombras en un vértice muy agudo en que terminaba la escondida y serpenteada sala del Teatro León de Grieff7.

Patricia Ariza8 es la performance colectiva, masiva y callejera que grita, corre y danza para tomarse por asalto el centro del poder colombiano. En plaza Bolívar, más de 300 mujeres víctimas y sobrevivientes del conflicto armado colombiano presentaron ¿Dónde están? Memoria viva. Mujeres en la plaza como una gran movilización poética de la presencia, ausencia y resistencia de las mujeres desplazadas por la violencia, de las y los desaparecid@s, los asesinatos sistemáticos de líderes sociales y políticos las y los mal llamados falsos positivos que son -o más bien habría que decir fueron- personas opositoras al gobierno de Uribe acusados de ser guerriller@s, y por ello tomado detenid@s, asesinad@s o desaparecid@s por las fuerzas del Estado fascista colombiano.

David Lozano indagó en los símbolos y cuerpos de la eficacia del poder y la violencia. Enfrentándonos con perspicacias, imprimió en la entrada de la Universidad Nacional por calle 45, en el mismo lugar en que, hace un par de meses, las fuerzas del control del Estado habían asesinado a un estudiante a golpes.

Entre un mar de basuras, después apiladas por un grupo de mujeres del aseo universitario, aparece una pareja de físico culturistas. Ellos son parte de Doce ejercicios de la gimnasia rítmica americana sin armas. Marca y ego, oficios para el cuerpo, performance que se enmarca en la ostentación de un escuadrón de choque de la policía que, al ritmo marcial de crípticas instrucciones que uno de ellos iba dictando a través de un megáfono, exhibían consignas por la convivencia no violenta escritas en sus escudos. No pude aguantarme y comencé a vociferar; si acaso nos darían de golpes como parte de la demostración, fue realmente fuerte. Esta acción se llevó a cabo un sábado cuando existe muy poco alumnado en la universidad. Sin embargo quien pasaba por el lugar no quedó ajen@ y más de algun@ les gritó desde lejos; asesinos! Mientras ellos en su adiestramiento intentaban lavar su sangrienta imagen.

Desde el underground mexicano La Congelada de Uva, nombre artístico de Rocío Boliver, es “la abanderada situacionista del Epifenómeno de carácter sexual” como señala Rubén Bonet9. Podría agregar que es también la ironía subversiva que te puede hacer reír a carcajadas o desprender el alma siendo la súper heroína guarra de la trasgresión sexual o postpornosvado o pornotecnóloga feminista carnal de la literalidad.

Se presentó con más de una performance, programada y no programadas. La primera fue Sonata para pepáfono y voz opus 140, que en palabras de Guillermo Gómez-Peña es lo más clásico que hemos visto de la Congelada. En un concierto en cuatro movimientos interpreta junto a una cantante de ópera, ambas de riguroso negro, la sonata que musicalizó con el pepáfono, instrumento musical que la performancera hizo sonar a través de su vagina donde introdujo un embudo junto con la manguera de un bombín (inflador de llantas) acompañando la voz de la cantante para invitar a reflexionar sobre el derecho a la cultura para todo tipo de público.

Otra de las acciones de La Congelada (no si sé si tuvo nombre) se presentó en Mapa Teatro en el Trasnocheo. A mi juicio, la artista mexicana hizo cuerpo y acción la iracunda e insolente respuesta-pregunta que puede salir del alma y decir: ¡¿Crees que he pasado todo el día peinándome los pelos del xoxo???! cuando se cuestionan los oficios de las mujeres, como inferiores o se los menosprecia como si los trabajos domésticos u otros efectuados por las mujeres no fueran trabajos que requiera reconocimiento, y lo hizo a través de una insolente y macabra demostración autoflagelante de atravesarse ganchos en los labios de su vagina para colgarse largas cabelleras.

Si, las imágenes podrían hablar por sí solas. Sin embargo, nunca podrán retratar el unívoco y unísono clamor de las mujeres en la sala cuando habíamos visto colocarse ya dos ganchos, uno en cada labio, y tomó un tercero. En una sola voz gritamos noooo!!! y ella dice sonriendo siiiiii!!! y con un pequeño alarido de dolor se atraviesa un tercer gancho, mientras del público se escuchó: ¡Basta Congelada me estás rompiendo el alma! Efectivamente, no se si el alma, pero algo nos rompía. Posteriormente, se peina las cabelleras, las trenzó y colgó una gran campana que hizo sonar con balanceos pélvicos los que repitió sobre los largos mesones de Mapa Teatro. Lo mismo hizo al amarrarse una segunda campana a la trenza. En franca ironía, para finalizar, se coloca un casco de seguridad y se arrima a esos resortes que emulan a las patas de los canguros para saltar y tocar con ímpetu un gran cencerro. Por acierto de la organización la cautivante voz de Karina Casiano con su espectáculo ROOTLESS: La No-nostalgia, nos reparó, en parte, eso que nos quebró La Congelada de Uva.
También en el trasnocheo se presentó Nao Bustamante con la performance Entregados al deseo, en la que la artista utiliza frutas como calzado y esculpe su cuerpo con cintas adhesivas. A través de tormentosas sombras se mueve en una lucha por el equilibrio sonorizado con el desgarrador ruido de sacar más cinta adhesiva. Luego las sombras se hacen cuerpo o la imagen se hace cuerpo desatándose incontrolable y voraz para explorar el deseo humano.

En la significativa Plaza Che, en la Universidad Nacional, Fernando Pertuz interrogó a las y los transeúntes sobre Un mundo mejor, cual mediador virtual con su computador portátil y webcam. El artista nos intima por segundos, ante la red mundial virtual, pidiéndonos nuestras propuestas para obtener un mundo mejor y qué estamos haciendo para cumplirlas.

También en esta plaza, el Teatro La Máscara partió con Deambulancias que reúne a las diferentes, pero comunes, historias de mujeres desplazadas por la violencia en Colombia. La performance se proyectó por los diferentes senderos del campus, los mismos diversos caminos que tomaron las mujeres desplazadas, llevando la voz de sus pérdidas y desventuras, pero también de sus resistencias transformándose en las hacedoras de nuevas sendas lejos de la violencia.

Cuando todo el Encuentro pensaba que La Congelada había sido la irreverencia misma o por lo menos, la que llevaba la batuta hasta ese momento, aparece en escena la Señorita polémica, Tania Bruguera quien, a mi parecer, más que trabajar con la conducta de las personas trabaja con la controversia. Sin embargo, ella señala que su materia prima es: “la conducta social como su medio de expresión, como su material, como su finalidad y como su documentación. Un arte como construcción de lo colectivo, creando una situación que haga posible que el público se transforme en ciudadano. Un arte que para que se den estas condiciones propicia una relación, un punto de encuentro entre ética y deseo”10. Así describe la artista cubana, o confunde o acierta para revolver algunos de los agentes del conflicto armado colombiano. La artista convocó a una mesa a modo de panel la que se constituía por un exparamilitar, una exguerrillera y una mujer que le tenían secuestrada a su hermana. La invitación decía ser “un encuentro performático en forma de debate pacífico, basado en el respeto y la convivencia. El tema que nos reúne es “La construcción del héroe”. Con tal fin he convocado a la mesa a algunos actores del conflicto colombiano”11 De entrada se entregó un aclaratorio y advertencia, a través del volante que explicitaba que la asistencia era bajo nuestra responsabilidad y que ni tampoco las opiniones expresadas en el evento reflejaban la posición ideológica de la Universidad Nacional ni del Instituto Hemisférico de Performance. De forma paralela y mientras la mesa opinaba y respondía preguntas del público, se preparaban líneas de cocaína, las que una asistente de la artista iba ofreciendo al público asistente. Algun@s personas probaron, otr@s no podían creer lo que estaba sucediendo e indignad@s se tomaron el micrófono encarando, después de dar por terminado la mesa, a la gente que consumió las dos líneas que se permitía por persona, así como también a la artista como responsable principal de lo que estaba pasando. Después que muchos/as exigieran que la artista se hiciera cargo, Tania tomó el micrófono sólo para dar gracias a “los colombianos” y se marchó, con lo cual la gente se exaltó aun más.

Los días siguientes se especuló mucho, declaraciones iban y venían de todos lados. Con todo, la performance había sido muy efectiva. Nada se sabía de la artista, e inclusive se dudaba que estuviera en el país. Sin embargo, se presentó en la última mesa del Encuentro en la que además compartía junto al artista visual Wilson Díaz, Rocío Boliver (la Congelada de Uva) y Guillermo Gómez Peña. Cada un@ presentó a su modo el desarrollo de sus trayectorias. Wilson presentó un power point sobre sus obras y videos de sus intervenciones con la cotidianeidad de la guerrilla. Rocío no se presentó sola, se representó a sí misma como una muñeca que la manejaba una mujer como una ventrílocua que leía un texto muy divertido en inglés sobre su obra. Guillermo se presentó con la lectura de un texto con su particular poética neolingüística intercultural. Cada artista dejó claro cómo se vinculaba con el público. Guillermo Gómez-Peña, por un lado, dijo que su público era muy importante, pues él pensaba la obra se hacía para deleitar a sus espectadores/as. Rocío Boliver, la Congelada, expresó que para ella el público no era muy significativo pues en tanto a la recepción tenía bastante claro que su obra no era muy agradable para cualquiera, por lo tanto, del público no esperaba mucho. Wilson Díaz, por su parte, dijo que en varias de sus instalaciones el público estaba invitado a participar, por ejemplo, llevándose parte de la obra como en su instalación con semillas de coca. Tania Bruguera, la vedette de la mesa, leyó su manifiesto sobre el Arte de la conducta avocándose sólo al texto al momento de responder las intervenciones directas, furiosas, laxas y performanceadas del público. Dentro de éstas se destacó la de Nikita, artista y activista colombiana, que con un discurso heroico enrostra a la artista toda su molestia por la performance de la cubana12.

Con todo, éste y todos los Encuentros, a mi juicio, son espacios internacionales necesarios que se desarrollan como instancias imprescindibles para compartir -desde la inter y transdisciplinariedad- visiones, experiencias, disímiles o semejantes, de nuestras diversidades de corpolíticas o de cómo hacemos cuerpo nuestras propuestas estéticas y políticas. Las formaciones de raza, clase, sexualidad, etnia y género articuladas a través de las políticas del cuerpo en geografías e imaginarios pueden ayudar a escudriñar el cuerpo y sus performatividades hoy en las Américas como sitios de negociación, medios de expresión y de producción de nuevos significados.

Julia Antivilo
Es candidata a doctora en Estudios Latinoamericanos
en la Universidad de Chile y es Magíster en Estudios Latinoamericanos
de la misma casa de estudios
También es fundadora de Malignas Influencias,
espacio de colaboración de arte feminista que existe desde 2004.
contacto:
julia.antivilo@gmail.com

tomado de :

http://www.arteycritica.org/index.php?option=com_content&task=view&id=414&Itemid=34