Locura y creación

Agosto 29th, 2011 Agosto 29th, 2011
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Artistas y escritores ante el abismo

Por: Avelina Lésper

Los padecimientos mentales son comunes a todas las personas, pero la romantización de la locura quiere hacer creer que los artistas y los escritores geniales son más propensos a sufrirla. Aquí, un repaso a grandes creadores y su enfrentamiento con el delirio.

Hay momentos de la vida humana en que se escuchan voces misteriosas.
—Schiller

¿Por qué pienso dormido y me despierto tan a menudo en la locura?
—E.T.A. Hoffmann

El tema mórbido como obsesión

Uno de los peores destinos a los que podemos acceder es la locura. El trayecto que recorre desde la cordura hasta la demencia es un viaje duro, mórbido y terrible. La contradicción además sucede paralelamente a una vida creadora, y los accesos de locura se alternan con periodos de riqueza y productividad artística. Esto ha dado un aura de romanticismo a la locura y ha impulsado a muchos artistas a fingirse falsos dementes —Dalí con gran éxito, Leonora Carrington de cura espontánea, por ejemplo— y hacer de la actuación de un estado enajenado parte de su leyenda artística. Pero para otros fue un padecimiento que llenó de dolor sus existencias. E.T.A Hoffmann tenía una personalidad que oscilaba entre la exultante felicidad y el romanticismo hasta la decepción y la tristeza más profunda; se obsesionó en el pánico y la vergüenza del que tiene en su familia y en la sangre el estigma de la enajenación. En una etapa de su vida, en el piso superior de su casa vivía una infeliz enferma mental. Esa presencia aterradora le recordaba que no estaba a salvo de habitar en ese sitio delirante. En el autocastigo analizaba y detallaba en su diario los movimientos, gritos y desvaríos de su vecina, y los comparaba con su propia angustia y cambios de ánimo. Sus cuentos describen todos los estados de insanidad mental posibles, desde la manía persecutoria y la depresión catatónica a los automatismos, que abordan un mundo fantástico en el que la irrealidad, el ocultismo y la demencia son el refinamiento del horror, ese que estudió Freud para explicar el fenómeno de lo siniestro. El relato sobre el joyero Cadillac es un tratado de esquizofrenia que se anticipó al Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson. Hoffman cuestiona si la personalidad degenerada es en realidad la auténtica, sumergiéndose en la locura hasta sus entrañas, provocando al dragón.

Psicopatología de una escultura

Franz Xaver Messerschmidt, obsesionado como Hoffmann con la locura, detuvo su carrera comercial, canceló las obras que le comisionaron y se enclaustró en su casa, preso de sus propios fantasmas y delirios, los que retrató en esculturas de cabezas, las Kopfstücke o Cabezas de carácter. En 1770 presentó los primeros síntomas de “confusión mental” y en 1774 cayó en estado de crisis al ser rechazada su candidatura para ocupar el asiento vacante en la Academia Vienesa. Uno de los motivos fue que tenía “una imaginación insana”. Esas cabezas retratan distintos estados de su propia enajenación: furia, miedo, angustia, hilaridad, todas llevadas al extremo, con el virtuosismo del que busca en la representación del mal la cura de sus padecimientos. Esos autorretratos lunáticos de tamaño natural los realizaba en metal o piedra, observándose frente al espejo. Sin apegarse a las descripciones de un texto de divulgación científica, Messerschmidt explora y se adentra en la relación entre fisionomía y psicosis, en las expresiones que surgen cuando se pierde el control muscular que da la razón. La demencia es el rompimiento con las reglas de convivencia, es antisocial; esas cabezas provocan la sensación de lo que es ver a un demente, el terror ante la delgada línea que nos separa de ese estado. Una cabeza con una cuerda al cuello, que cierra los ojos y la boca con obcecación, negándose a lanzar el grito de dolor; en otras la boca se abre descomunal para dejar salir el aliento de la desesperación. El psicoanalista Ernest Kris las diagnosticó como “psicosis con tendencias paranoides que encajan en un cuadro de esquizofrenia”. Lo importante sería saber qué clase de fantasmas invocó y multiplicó Messerschmidt frente al espejo en la creación de cada cabeza. Estas esculturas demuestran que el virtuosismo supera la fuerza animal del delirio, sobresale y se expresa. Con esta secuencia del dolor y la desolación de una mente sin sosiego el artista crea la catarsis de su propia experiencia de vida. Ese riesgo, esa aventura titánica, fue la última obra del escultor, que murió a los 47 años.

La evidencia científica

Haciendo a un lado a la psicología a la que Paul Flechsig le negaba el rango de ciencia exacta y llamaba “la arena de las ocurrencias extravagantes de cualquier tipo”, para la psiquiatría la evidencia científica señala que la locura o los desequilibrios mentales no potencian la creación artística. Schumann componía dentro de un cuadro bipolar que lo impulsaba en su periodo maniaco a crear sin detenerse decenas de piezas musicales, pero sólo algunas de ellas eran extraordinarias. En sus periodos de depresión era incapaz de componer algo, de hablar o de convivir. Ingmar Bergman, al igual que Pascal Quignard, después de un periodo de producción artística se sumergía en el silencio, incapaz de pronunciar palabra durante meses. Dos sombras posan fatídicas sobre la creación: el desorden bipolar y la esquizofrenia. Esta relación ha impulsado el mito del temperamento artístico, Lord Byron, Van Gogh, Edgar Allan Poe, F. Scott Fitzgerald, Virginia Wolf, William Blake, Sylvia Plath, Hemingway, Strindberg, Artaud. Con una incidencia más grande entre escritores que en otros artistas. Aunque los estudios se han realizado sobre artistas contemporáneos, los diarios, escritos y obras biográficas han permitido analizar sus experiencias y llegar a conclusiones, las cuales, más que nada, especulan y meten en catálogos a sus padecimientos mentales. Según los estudios, el temperamento artístico posee altos niveles de autosuficiencia y un ego fuerte, y es proclive a inventar ideas y pensamientos extraños en una proporción mucho más alta que la población normal. Esta afirmación ambigua e inexacta se puede aplicar a un político o a un asesino serial. Los expertos, al tratar de relacionar la locura, el genio y la creación artística se encuentran con la contradicción de que por un lado la evidencia científica arroja pruebas de la simbiosis entre los desórdenes mentales y la creación, pero esto estigmatizaría a todas las personas con capacidades artísticas pues serían tomados como enfermos mentales potenciales.

La sintomatología del gozo

Esa locura ¿cuánto ha aportado a la obra de los artistas, o hasta qué punto la ha frustrado? El agotamiento mental de Van Gogh en gran medida fue por la relación tormentosa que vivía con Paul Gauguin. Rebanarse una oreja, aunque exagerado, fue un chantaje amoroso, y ésos pueden llegar a los extremos más dramáticos, lo que en una pasión está permitido. Al ingresar al psiquiátrico de Saint-Remy-de Provence, Van Gogh se aleja de esas emociones, se enclaustra para vivir en la realidad de la pintura. Cuando se disparó en el pecho sus obras ya estaban en el mercado y venía de una producción desaforada. Sus colores revueltos con pinceladas centrífugas y repetitivas son producto de un análisis del movimiento de la luz, de una disciplina observadora que se impone a la desordenada pesadumbre de recrearse con las emociones. La pintura poseía a Van Gogh, al suicidarse rompió con ella y dejó como venganza la sensación de vacío de las obras que no realizó. En el otro extremo, la tristeza y la embriaguez de la cauda narrativa de Virginia Wolf y Sylvia Plath, empapadas en las adictivas lágrimas de la depresión, hicieron que sus obras se centraran en el fenómeno de esclavizarse a los sentimientos. El incesto fue inseparable, sin esa droga tan embriagadora que es la tristeza no hubieran creado nada. Su inspiración fue la morfina de ver sufrir a otros por el propio sufrimiento, tener el poder de magnificar lo minúsculo y llenar con esto páginas de autoflagelación. Sus suicidios, hasta cierto punto, llegaron con el agotamiento del tema, repetirse hubiera sido peor que la muerte. Eran adictas, viciosas de sus emociones.

El temperamento artístico y el temperamento nervioso

El temperamento es causa predisponente de la enajenación mental.
—Benedic Morel, Las enfermedades mentales, 1860

El miedo del mundo, la lucha por encararlo y no huir, el miedo de la realidad, es la más real de todas mis experiencias.
—Tennessee Williams

Los artistas son visionarios y trabajan con la materia que la normalidad reprime o inhibe: emociones, pasiones, lujuria, vicios. Dicen lo que nadie dice, exhiben lo que hay que ocultar y para hacerlo se revuelcan en la existencia y después se abstraen del mundo, en una contradicción intolerable para la sociedad. Estados alterados que frecuentemente se vieron potencializados con las sustancias, el alcohol, el ajenjo, la morfina, se cobraron más suicidios de los que la bipolaridad aspiraría. En el terreno en el que no entran las evidencias científicas y estudios es donde parece que la creación, cuando se trata de una carrera profesional o de un proyecto de vida, implica una carga muy dura. La responsabilidad ante la obra, enfrentarse al público, al lector, a las propias visiones y creaciones, a la posteridad misma, decidir inventar una forma de pensamiento o de representación de la realidad, empuja a un abismo que induce, traga y vomita angustia. La creación pone a prueba, encara con las limitaciones y posibilidades del artista; el fantasma del fracaso o el monstruo voraz del éxito son razón suficiente para iniciar manías persecutorias. La fatalidad de que la obra y la vida sean inseparables, y que en ese tan frágil e inestable panorama éste el medio de vida y sustento, puede crear una sensación muy lejana a la felicidad esquemática, utópica y artificial que envuelve al todo en un estado de ánimo uniforme. Entonces la locura está ahí, acechando para habitar con sus fuerzas oscuras el horizonte de quien al elegir la creación como destino se exilia de la sociedad y se ubica en el terreno de lo anormal. Cuando Gregorio Samsa despertó convertido en un escarabajo era el mismo Kafka despertando a su vocación de escritor; no era esquizoide, era autor. Ese es el primer paso para la locura. ®

Tomado de:

http://revistareplicante.com/artes/arte/locura-y-creacion/

Isomorfismos : Mattew Barney y la memoria de Beuys.

Junio 5th, 2010 Junio 5th, 2010
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barney

Delfim Sardo ///

Cuando, en 2003, visité la exposición de Matthew Barney en el Whitney Museum, fui asaltado por la sensación de que no estaba viendo solamente una exposición, sino que la propuesta era mucho más ambiciosa de lo habitual en términos expositivos museológicos, ya fuera por su gigantismo, o por el carácter sistemático/simbólico. Además de intensa y relevante, la exposición de Matthew Barney poseía un fantasma. La sensación se condensaría más tarde, en el año siguiente, cuando, durante la Bienal de São Paulo vi el proyecto que Barney había realizado para el Carnaval de Bahía, presentado en la Pinacoteca. De hecho, lo más inquietante de la sensación residía en un primer sentimiento difuso de que aquel trabajo no era (sólo) lo que era visible, ni lo que de él fácilmente se podría interpretar en relación a sus referencias al sincretismo de las creencias y rituales afro-brasileños, pero que se refería a otra cosa, más antigua y simultáneamente interna al propio universo de las artes. En ese día, en la figura que, debajo de un camión usado como coche alegórico, acaricia un pequeño simio muerto, no conseguí dejar de encontrar una clara (casi evidentemente clara) alusión a una performance de Joseph Beuys, presentada en Dusseldorf en 1965, titulada Cómo explicar pinturas a una liebre muerta.

Tomado de:

http://www.dardomagazine.com/castellano/dardo1/dardo1_delfimsardo.html

Mariko Mori: wafe ufo

Mayo 31st, 2010 Mayo 31st, 2010
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Beatriz Alicia Garcia

Mariko Mori

La artista japonesa Mariko Mori, nacida en Tokyo (1967), ha realizado una de las obras actuales más interesantes dentro del arte mediático. Su trabajo fusiona las nuevas tecnologías informáticas y científicas con iconos retrofuturistas, léase imágenes de la cultura de masas, como la estética pop, o imágenes que podemos relacionar con la exploración espacial, que pasó a la moda en los años 60’s; todo ello unido al milenario pensamiento y espiritualidad asiáticos configurando una propuesta de un eclecticismo fascinante. Arraigado profundamente a su propia tradición cultural, sus fotografías y video instalaciones están asimismo nutridas de un imaginario que ha apostado a asir lo más fugaz y frívolo del mundo contemporáneo, como puede ser la moda, el artista pop, la publicidad, haciendo de lo artificial una suerte de ícono. Esta joven artista estudió diseño de modas en Japón, trabajó como maniquí de modas a finales de los 80’s, y asistió a escuelas de Arte en Londres y New York.

En sus trabajos iniciales de video de mediados de los 90’s, tales como Empty dream y Birth of a star ella se usa a sí misma como modelo en películas y fotos que combinan el performance, la moda, la alta tecnología y el arte, creándose como un personaje futurista, mitad mujer y mitad chica cyber chic. En 1997 su obra recibió un premio para jóvenes artistas en la Bienal de Venecia. Es en los trabajos de esta época, finales de los 90’s como Burning desire (1996-1998), Nirvana (1996-1997), o Dream Temple (1999) donde están mucho más presentes los íconos y la espiritualidad asiática. En Burning desire la artista misma se transforma en deidad budista, aparece sentada en posición de loto en medio de un desierto, rodeada de un halo multicolor. La construcción de la video instalación Dream Temple se inspira en un templo japonés del período Nara temprano que data del año 739 a.c.

Un trabajo presentado recientemente en la ciudad de New York, entre el 10 de mayo y el 31 de julio del 2003 en la Public Art Fundación, “Wave UFO”, retoma la estética retrofuturista espacial a través de una escultura de gran formato realizada en fibra de vidrio, con la forma de cápsula espacial. Con esta propuesta Mori invita una vez más al espectador, tal como lo ha hecho en sus trabajos de años recientes, a conectarse por medio de imágenes generadas con la más alta tecnología con su propia mente y mundo interior.

“Wave UFO” fusiona gráficas computarizadas generadas en tiempo real, con tecnología de navegación cerebral y sonido, para crear una experiencia dinámica, interactiva, conectando tecnología y espiritualidad por medio de programas de computación especialmente diseñados y un equipo científico que monitorea e interpreta visualmente las ondas cerebrales de los participantes. Una serie de electrodos se conectan al espectador, los cuales leen sus ondas cerebrales. Esta información se transforma en imagen visual, en correspondencia en tiempo actual con la actividad del cerebro. Las formas que se proyectan en las paredes de la escultura van cambiando como respuesta a tres tipos de ondas cerebrales, mostrando, a través del color, cuál es la dominante:

Beta: (Rojo) Ondas que se encuentran en estados de conciencia de alerta normal. Aunque ellas también pudieran indicar agitación, tensión o alarma. (12 a 35 Hz)

Alpha: (Azul) Estas ondas acompañan estados de relajación, sueño despierto o meditación. (4 a 8 Hz)

Theta: (Amarillo) Dichas ondas se encuentran en estados cercanos a un estado de conciencia cercano a la deriva, o a estados de ensoñación. (0 a 1 Hz)

La segunda parte de la proyección, “Mundo conectado”, une la experiencia individual a la universal. Formas abstractas a full color lentamente se expanden y envuelven dentro de formas semejantes a células individuales y estructuras moleculares creando un mundo de ensueño que es primordial y etéreo.

La obra de Mariko Mori nos ofrece una suerte de imaginario postmoderno donde se desdibujan las fronteras entre lo natural y lo artificial, lo real y lo virtual, lo humano y lo tecnológico. Tanto esos personajes retrofuturistas en los que ella se transforma en sus obras iniciales, la colegiala vestida de colores brillantes de Birth of a start, o la sonreída geisha que sorprende a los transeúntes en el distrito financiero de Tokio con una taza de té en Ceremony of tea, la prostituta chic hablando por celular en Red light; o sus personificaciones espirituales asiáticas, más relacionadas a la búsqueda de un alma colectiva que parece haberse extraviado en el Japón del mundo global, tal como lo plantea Win Wenders en su película Tokio-Ga; o sus video esculturas espaciales y tecnológicas, nos ofrecen en su evolución y diversidad, en su apariencia de mundo de látex, de estética de video del MTV de artistas pop de los 80’s, una inquietante y seductora reflexión sobre nuestra época, tan dada a inventar nuevas formas de evasión y perversión, tan agobiante en su eterna proliferación de imágenes sin trasfondo, sus mundos virtuales interconectados de la superautopista de la información, a través de la cual miles o quizá millones de personas, en una hermandad secreta se relacionan evadiendo el caos y la soledad.

Quizá lo más interesante de su más reciente propuesta en USA “Wave UFO” es el modo en que involucra directamente al espectador y lo hace co-creador de su obra, humanizando la más avanzada tecnología científica al conectar a las personas con su mundo interior, confrontándolos con sus propios estados de ánimo, a través de imágenes que producen sus propias ondas cerebrales, según se sienta cada quien dentro de la experiencia. Mori parece abrirnos un nuevo umbral interconectando, mente, cuerpo y alma al fusionar ciencia y tecnología con lo humano, dándole al espectador una manera distinta de relacionarse con su propio cuerpo y sus propias emociones.

Tomado de:

http://www.kalathos.com/

Botticelli’s love drug

Mayo 31st, 2010 Mayo 31st, 2010
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Jonathan Jones

A new discovery suggests that Botticelli’s masterpiece Venus and Mars shows the effects of a hallucinogenic plant – but is the real drug the painting itself?

Sandro Botticelli's Venus and Mars at the National Gallery

Practical magic? Sandro Botticelli’s Venus and Mars at the National Gallery. Photograph: Frank Baron for the Guardian

The Florentine Renaissance weaver of floral fantasies Sandro Botticelli is a magical artist. Just to look at his masterpiece the Primavera is to have your spirits lifted, as if he knows how to release pleasure-giving chemicals in the human brain by particular combinations of colour and form.

The question is, how literal is the magic in Botticelli’s art? Are his paintings allegories, or entertainments, or something more – how shall we say this – practical? A fascinating new idea about Botticelli’s alluring idyll Venus and Mars in London’s National Gallery gives an old debate a contemporary twist. According to art historian David Bellingham, a strange plant pawed by a young satyr who plays about, clad in the discarded cuirass of Mars, at the bottom right of the panel, is a specimen of the hallucinogenic Datura stramonium, also known as “poor man’s acid”. According to this latest theory the pacified and disarmed war god Mars has actually been drugged by Venus, deity of love, who reclines wide awake and clothed beside his slumberous nude form.

This is not the first attempt to interpret Venus and Mars as something more tangible and efficacious than just a visualisation of Greek myth. In the past, the hermetic magical thought of the Florentine intellectual Marsilio Ficino was adduced by the Warburg Institute scholars EH Gombrich and Frances Yates to see Botticelli’s paintings as “talismans”: magical artefacts designed to actually exert benevolent effects on the beholder.

Personally I think both theories are very plausible. Botticelli’s paintings do suggest real magic, real eroticism – they have an occult quality. Nor would it be surprising if the Medici court circles who supported his art at this time (Venus and Mars was painted about 1485) were taking love drugs. Such potions were well-known and were taken seriously in the Renaissance – you can see an aphrodisiac bottle decorated with snogging lovers in the Renaissance galleries at the V&A. Those same galleries boast a Florentine mirror from this period that has a Medici emblem and is emblazoned with Venus and Mars – associating the theme with actual bedrooms, not just classicist studies.

Love is a drug, and Botticelli painted its effects with rare conviction. It would hardly be surprising to find a hallucinogenic on the shelves of his art’s life-giving pharmacy.

Tomado de:

http://www.guardian.co.uk/artanddesign/jonathanjonesblog/2010/may/28/botticelli-venus-mars-drug